Terapeuta diplomada en el Sistema Floral del Dr. Bach. Life Coach. Escritora. Emprendedora.

Hay presencias que no se explican. Se sienten. Se deslizan en la vida con la elegancia de lo inevitable, con ese silencio antiguo que no necesita palabras. Los gatos siempre han sabido habitar ese lugar. Un lugar que no pertenece del todo al mundo visible, pero tampoco al misterio. Un lugar intermedio. Sutil. Intacto.

¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar! ¡Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz! ¡Cantar de la tierra mía que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores! ¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar, ni quiero, a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar! […]

Venga… ¡Sí! ¿Nadie…? Y es que… ¿Quién no conoce a alguien que es un vivalavirgen? ¿Quién no tiene o ha tenido a alguno o alguna —que también las hay— muy cerca siempre dando la tabarra para justificarse en lo injustificable?

Érase una vez, durante un anochecer de crudo invierno, un pequeño y travieso inuit que, resguardado del frío en el tepee 🏕 familiar, se dispuso a aplastar a una arañita que se ocultaba replegada en sí misma, entre costuras, bajo una de las rendijas…