Glòria G. Simó

Terapeuta diplomada en el Sistema Floral del Dr. Bach. Life Coach. Escritora. Emprendedora.

Yo soy Bastet.

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Hay presencias que no se explican.
Se sienten.

Se deslizan en la vida con la elegancia de lo inevitable,
con ese silencio antiguo que no necesita palabras.

Los gatos siempre han sabido habitar ese lugar.

Un lugar que no pertenece del todo al mundo visible,
pero tampoco al misterio.

Un lugar intermedio.
Sutil.
Intacto.

Ancient relic.
Bastet statue.
Egyptian cat goddess Bastet.
Bastet sculpture ancient Egypt.

Bastet

Bastet no era solo una diosa.

Era fertilidad, hogar y protección.
Era música, danza, sensualidad, placer.
Era la belleza, la suavidad… y la fuerza contenida.

Los egipcios no la adoraban por lo que representaba,
sino por lo que reconocían en ella.

Porque Bastet no imponía.

Simplemente era.

Como los gatos.

Donde lo sagrado era cotidiano

En el Antiguo Egipto, los gatos no eran mascotas.

Eran presencia.

Protegían los hogares de serpientes y roedores…
pero también de aquello que no se ve.

Y cuando uno de ellos traspasaba,
el duelo no se escondía.

Las familias enteras se afeitaban las cejas.
Los cuerpos eran momificados.
El silencio se llenaba de pérdida y de significado.

No porque fueran dioses.

Sino porque convivían con algo que rozaba lo sagrado.

Egyptian death and afterlife- mummies. British Museum.

Bubastis

Hubo un lugar donde todo esto latía con más fuerza.

Bubastis.

Hasta allí llegó Herodotus,
y lo que encontró no fue solemnidad, sino celebración.

Música.
Danza.
Risas.

Decía que era una de las fiestas más vivas de todo Egipto.

Las personas navegaban por el Nilo cantando,
dejándose llevar por algo que no necesitaba explicación.

Hoy, en Tell Basta, ese eco sigue existiendo.

Como todo lo que ha sido vivido de verdad.

Lo imposible de domesticar

Los gatos no obedecen.

No buscan agradar.
No negocian su esencia.

Y, sin embargo, se quedan.

No por necesidad,
sino por elección.

Hay algo en ellos que permanece intacto,
como si conservaran una memoria antigua


Algunas cosas que (quizás) no sabías

  • Un gato puede saltar hasta seis veces la longitud de su cuerpo, gracias a la potencia de sus patas traseras y a una columna vertebral extremadamente flexible.
  • Su oído es uno de los más precisos del reino animal: puede detectar sonidos ultrasónicos y localizar con exactitud milimétrica el origen de un leve ruido, incluso en completa oscuridad.
  • Sus bigotes —vibrisas— no son solo pelo: son sensores táctiles de altísima precisión que detectan corrientes de aire, vibraciones y la proximidad de objetos, ayudándoles a orientarse incluso sin ver.
  • Las “almohadillas” de sus patas funcionan como amortiguadores y sensores: perciben vibraciones del suelo, lo que les permite detectar movimientos sutiles como los de una diminuta presa antes, incluso, de verla.
  • Pueden “leer” el entorno a través del aire: captan cambios en la dirección del viento, en la humedad y en la presión atmosférica, lo que influye en su comportamiento y en su capacidad de anticipación.
  • Su visión está adaptada a la penumbra: ven infinitamente mejor que nosotros con muy poca luz, aunque no perciben los colores de la misma manera.
  • Duermen muchas horas, pero nunca del todo desconectados: permanecen en un estado de alerta suave, siempre listos para reaccionar en cualquier momento.
  • Su ronroneo no solo expresa y da sensación de bienestar: emite frecuencias que científicamente se han asociado con efectos calmantes y reparadores, incluso a nivel físico.
  • Tienen un sentido del equilibrio extraordinario gracias al sistema vestibular de sus oídos y a su cola, que actúa como contrapeso en movimiento.
  • Y hay algo más difícil de medir… pero fácil de intuir: perciben cambios sutiles en su entorno —energéticos, emocionales, vibracionales— muchísimo antes de que nosotros seamos —o no— conscientes de ellos.

Una forma de estar en el mundo
sin perder nunca el centro
.

Yo soy Bastet

Tal vez por eso, cuando los observamos con detenimiento,
algo dentro de nosotros recuerda.

Recuerda que no todo debe explicarse.
Que no todo debe forzarse.
Que hay una forma de vivir
más cercana al instinto que a la ruidosa superficialidad.

Más cercana a la verdad que la realidad observable.

Y quizá, en el fondo,
eso era Bastet.

No una diosa lejana.

Sino una forma de habitar la vida en la Tierra…
con elegancia,
con libertad,
y con esa misteriosa capacidad
de ser
sin dejar de pertenecer al Cielo.

Bronze Egypt cat.
Ancient relic.
Bastet statue.
Egyptian cat goddess Bastet.
Bastet sculpture ancient Egypt.

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